Fotografía estereóptica


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Fotografía estereóptica

Una fotografía captura gran cantidad de elementos, pero no parece aportar suficiente profundidad como para darnos la ilusión de la tercera dimensión. Le falta un elemento: la visión binocular. Cuando miramos el mundo, nuestro cerebro recibe dos imágenes independientes y casi idénticas. Es justamente esa pequeña diferencia entre la visión de cada ojo la que permite a nuestro cerebro reconstruir la tridimensionalidad de los objetos. Las imágenes que cada retina captura difieren en su punto de vista, pues un ojo está separado de otro. 

Es fácil notar esta diferencia. Coloca un dedo frente a tus ojos a unos 20 cm de distancia de tu cara. Cierra un ojo y observa bien que área del dedo puedes percibir. Ahora observa el mismo dedo, sin moverlo, con el otro ojo. Claramente podrás advertir las diferencias de visión entre el ojo izquierdo y el derecho. Esta disparidad es uno de los factores más importantes en nuestra percepción en la profundidad. Al conocer este fenómeno, fácilmente deducimos que si podemos tomar dos fotografías de una misma escena y las presentamos a cada uno de nuestro ojos, percibiremos la escena en tres dimensiones. Y en realidad así es. A esto se le llama fotografía estereóptica.

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